Der Start in die Saison hat immer etwas von einem Erwachen aus dem Winterschlaf. Der touristische Motor der Insel, der während der Nebensaison im Winterhalbjahr im Stand läuft, erreicht Betriebstemperatur, Mallorca nimmt Fahrt auf. Platt gesagt: Es kommt wieder Leben in die Bude, Besucher aller Art genießen die Insel, von den Wander- und Strandurlaubern über die Boatshow in Palma bis hin zum Radrennen Mallorca 312. Und dass nach zwei tristen Pandemiejahren plötzlich wieder alles scheint wie vorher, verbucht denn vor allem Tourismus- und Arbeitsminister Iago Negueruela als Erfolg. Viele Menschen haben endlich wieder Jobs.

Und doch läge man falsch, die derzeitige Stimmung auf der Insel mit Euphorie zu beschreiben. Das Urlaubergeschäft ist nicht nur eine wirtschaftliche Frage. Da wäre zum einen die Herausforderung, die Branche in nachhaltige Bahnen zu lenken. Die Konflikte um die Zahl der Kreuzfahrtschiffe in Palmas Hafen oder der erlaubten Strandbuden am Naturstrand Es Trenc kochen wieder hoch. Ähnliches gilt in sozialer Hinsicht. Die Fragen der Wohnungsnot sind ungelöst, sie haben sich sogar verschärft. Inzwischen bleiben Saisonkräfte aus, die sich keine Bleibe mehr leisten können. Und dass die Lebenshaltungskosten infolge der Inflation weiter steigen, verschärft zusätzlich die gesellschaftliche Debatte.

Die Erwartungen an die Mallorca-Saison 2022 sind also hoch – nicht hinsichtlich der erwarteten Urlauberzahlen, sondern eines Gleichgewichts, bei dem niemand auf der Strecke bleibt. Oder um im Bild des Tourismusmotors zu bleiben: Nach zwei Jahren auf der Standspur oder zumindest im Schneckentempo erscheint die Fahrt auf der Überholspur nicht als erstrebenswerte Option für Mallorca.

Mallorca vuelve a pisar el acelerador

El comienzo de la temporada siempre tiene algo de despertar de la hibernación. El motor turístico de la isla, que está parado durante el invierno, alcanza la temperatura de funcionamiento, Mallorca coge velocidad. En pocas palabras: la vida vuelve a la isla, visitantes de todo tipo vienen a disfrutarla. Y el hecho de que después de dos años de pandemia de repente todo parezca ser como antes se ve como un éxito, sobre todo por parte del conseller Iago Negueruela. Muchas personas por fin vuelven a tener trabajo.

Sin embargo, uno se equivocaría si describiera el estado de ánimo en la isla como euforia. El negocio de los veraneantes no es sólo una cuestión económica. Por un lado, está el reto de dirigir el sector en una dirección sostenible. Los conflictos sobre el número de cruceros o los chiringuitos permitidos en Es Trenc vuelven a bullir. Lo mismo ocurre en términos sociales. La escasez de viviendas sigue sin resolverse, incluso se ha agravado ante la falta de trabajadores estacionales que ya no pueden permitirse un piso. Y el hecho de que el coste de la vida siga aumentando como consecuencia de la inflación agrava aún más el debate social.

Así pues, las expectativas para la temporada de 2022 son elevadas, no en cuanto al número de veraneantes previsto, sino en cuanto a un equilibrio en el que nadie se quede atrás. O para mantener la imagen del motor turístico: después de dos años en el arcén o de avanzar a paso de tortuga, volver a conducir por el carril rápido no parece una opción deseable para Mallorca.